
Hermann:
¡No tengáis miedo¡
¡Por el amor de Dios, no tengáis miedo¡
¡No voy haceros ningún daño¡
He venido a suplicaros
que me concedáis
una merced.
(La condesa sigue mirándole inexpresivamente.)
¡Podéis hacer la felicidad de toda una vida¡
¡Y no os costará nada¡
Vos conocéis tres cartas...
(La condesa se yergue.)
¿Para quién guardáis vuestro secreto?
(Hermann se arrodilla.)
Si alguna vez habéis conocido el amor,
si recordáis el ardor y la exaltación de la juventud,
si habéis sonreído alguna vez ante la ternura
de un niño, si acaso palpita un corazon
en vuestro pecho, ¡os suplico,
por los sentimientos de esposa, amante y madre,
por lo más sagrado del mundo,
que me reveléis el secreto¡
¿Para qué os puede servir?
¿quizá va unido a un terrible pecado?
¿a la pérdida de vuestra salvación?
¿a un pacto diabólico? Pensadlo bien.
Sois vieja, no os queda mucha vida
y yo estoy dispuesto a cargar sobre mis espaldas
vuestro pecado. ¡Confiad en mí¡ ¡Hablad¡
(La condesa se yergue totalmente y mira a Hermann con mirada amenazadora)
¡Vieja bruja¡ ¡Os obligaré a responder¡
(Hermann saca su pistola. La condesa sacude la cabeza, levanta los brazos para protegerse y cae muerta.)
¡Basta de niñerías¡
¿queréis decirme las tres cartas? ¿Sí o no?
Está muerta. Se cumplió la predicción
y no conozco el secreto...
(Se queda petrificado.)
¡Muerta¡ ¡Muerta¡ ¡y no conozco su secreto¡
Pikovaia Dama (La Dama de Picas)
Ópera de Piotr I. Txaikovski
Libreto de Modest I. Txaikovski, basado en la obra de Alexandre S. Puskin
Fotografía: obra de Sigmar Polke. La peluca. Acrílico sobre tela de poliester. 290x290 cm. Colección Raschdorf, Dusseldorf. (clikar para ver en detalle)