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martes, 31 de agosto de 2021

regreso


Regreso

Largas tardes campestres;
alamedas rosadas;
aire delgado que el aroma apenas
sostiene de la acacia;
huerto, pinar... Llanuras de oro viejo,
azul de la montaña...
Esquilas del arambre
y balido, sin fin, de la majada,
en el silencio claro...
¡Adiós, adiós! ¡Que la ciudad me llama!

Maravillosa noche estremecida
por el rumor del agua
y el fulgor de los astros
—imán de la mirada
perdida en lo insondable
de la eterna pregunta—. (El grillo canta,
corre la estrella, el aire
suspira entre las ramas).
Sueño tranquilo y sano,
velado por las plantas
humildes de la tierra y por el bravo
eucalipto que asoma a mi ventana...
Noche de paz y de salud y sueño...
¡Adiós, adiós! ¡Que la ciudad me llama!

Allegro matinal, tímida gloria
y milagro de nácar,
a las corolas risa,
trino a las aves y delicia del alma,
aire en las sienes, despertar, eterna
juventud —¡oh mañana
que abres los ojos y las rosas!—, dulce
y poderosa gracia...
Mañana de mi huerto, suave y pura...
¡Adiós, adiós! ¡Que la ciudad me llama!

¡Me llama la ciudad —que ignora el cielo
y la tierra y el agua
y el sol y las estrellas—,
febril y jadeante, apresurada,
con su aliento mefítico,
y su llanto y sus máquinas,
sonora de metales
infecta de palabras!

Manuel  MACHADO


Imagen: Óleo de Monet, mostrando un tren que llega a la estación de St Lazare.


viernes, 14 de mayo de 2010

La ninfas o las sorpresas de un amanecer de verano


IV

"El mundo quiere ser visto: antes de que hubiera ojos para ver, el ojo del agua, el gran ojo de las aguas mansas miraba abrirse las flores. Y fue en ese reflejo -¡quien diría lo contrario¡- donde el mundo cobró primero conciencia de su belleza. Así también desde que Claude Monet miró las ninfeas, las ninfeas de Île-de-France son más hermosas y más grandes. Flotan en nuestros ríos con más hojas, más tranquilamente, dóciles como imágenes de lotos-niños. No sé donde leí que en los jardines de Oriente, para que las flores fueran más bellas, para que florecieran más aprisa, más equilibradamente y con una clara conciencia de su belleza, se tenía el cuidado y el amor suficientes para poner ante un tallo vigoroso que llevara la promesa de una flor joven, dos lámparas y un espejo. Entonces la flor puede mirarse de noche. Así tiene el placer sin fin de sus esplendor".

Gastón Bacherlard. El derecho de soñar


Fotografía: Claude Monet fotografiado ante el estanque de nenúfares en su jardín de Giverny.

domingo, 9 de mayo de 2010

Haikus y 4




una bandada de gorriones

se agarran a las hierbas secas

durante un chaparrón

Buson


Yosa Buson 1715-1783


La calidad y la intensidad de los haikus disminuyeron durante al menos cuarenta años después de la muerte de Bashò, hasta que Buson y sus discípulos reavivaron la tradición. Buson es autor de una obra muy distinta de la de Bashò en muchos aspectos, pero puede considerarse su sucesor desde el momento en que se propuso recuperar el espíritu poético del maestro. El propio Buson lo dejó claro con estas palabras: "Sólo buscaré la elegancia, la sencillez y la sensibilidad del viejo maestro Bashò y recuperaré el haikai del pasado"



Fotografía: Estanque de nenúfares, (detalle). Monet


pd:dedicado a Josefina, deseándole un pronto restablecimiento

sábado, 8 de mayo de 2010

haikus 3


sobre los campos




sin apego a nada,




canta una alondra.




Bashò (1644-1694)



Cuando Matsuo Bashò editó varias antologías poéticas (en el siglo XVII se produjeron avances en las técnicas de impresión que permitieron el acceso a la poesía a un publico considerable), sintió la necesidad de espacio y soledad. En 1680 se trasladó a una modesta cabaña junto a un río a las afueras de Edo, ciudad donde había nacido. Un admirador le regaló un platanero (bashò), de donde tomó su nombre tras probar con varios seudónimos. Se identificaba con aquella especie que no daba fruto: "Me encanta su inutilidad" escribió "me siento bajo su copa y experimento el viento y la lluvia que nos azotan".

La vida y la escritura de poesía eran, en otras palabras, simples manifestaciones de la naturaleza. Sentarse al pie de su árbol equivalía a participar en el mundo natural, y la poesía que surgía de aquella inactividad contemplativa se fundía con los fenómenos naturales.




Fotografía: El estanque de nenúfares, (detalle). Monet

viernes, 7 de mayo de 2010

Haikus 2


Gran paarte de la poesía japonesa antigua fue escrita por la nobleza y, a pesar de las estrictas convenciones de conducta impuestas a los cortesanos entre los siglos VIII y XI casi toda su poesía sigue resultando evocadora y brillante . El amor por la belleza natural, se halla presente en gran parte de la literatura japonesa antigua, un amor inspirado en parte, por la religión sintoísta y su énfasis en las presencias espirituales que habitan en los paisajes.


En el siguiente poema la bella y orgullosa poetisa Ono no Komachi, del siglo IX, compara su propia hermosura marchita con la transitoriedad de la naturaleza:


A nadie le importó




que la belleza de las flores se marchitase.




y yo me ví envejeciendo en el mundo




mientras caía la lluvia.


Komachi





Fotografía: Nenúfares y reflejos de sauce (detalle). Monet


jueves, 6 de mayo de 2010

haikus 1


Los haikus son poemas breves pero muy intensos que contienen descripciones visuales completas de pequeños instantes en la vida de sus autores. En sus diecisiete sílabas originales en japonés, los haikus expresan mundos de profunda emoción y lucidez filosófica. Aparentemente sencillos, pero con una complejidad fascinante cuando se estudian con detenimiento, poseen un atractivo universal, tal como atestigua el número de idiomas a los que se han traducido. Conservan sin embargo un característico sabor japonés, de ahí que resulte conveniente explorar la historia y los antecedentes de estos poemas para poder interpretarlos y disfrutarlos.

Haikus clásicos. Edición y traducción Tom Lowenstein



La primera mariposa de la primavera


esa criatura sin huesos


se posa sobre la flor del ciruelo


Hanzan


Fotografía: Nenúfares, (detalle) Monet