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viernes, 1 de febrero de 2013

SIEMPRE



                       antes de mí
                       no tengo celos
                     
                       Ven con un hombre
                       a la espalda
                       ven con cien hombres en tu cabellera
                       ven con cien mil hombres entre tu pecho y tus pies,
                       ven como un río
                       lleno de ahogados
                       que encuentra el mar furioso,
                       la espuma eterna, el tiempo¡
                     
                       Tráelos todos
                       adonde yo te espero:
                       siempre estaremos solos,
                       siempre estaremos tú y yo
                       solos sobre la tierra,
                       para comenzar la vida¡

                       NERUDA, PABLO



                  Fotografía: Brassia Verrucosa, serie orquídeas.
                  tinta sobre papel.   pfp

sábado, 20 de diciembre de 2008

FELIZ NAVIDAD, FELIZ AÑO, A TODOS, AMIG@S


"Comenzaré por decir, sobre los días y años de mi infancia, que mi único personaje inolvidable fue la lluvia. La gran lluvia austral que cae como una catarata del Polo, desde los cielos del Cabo de Hornos hasta la frontera. En esta frontera, o Far West de mi patria, nací a la vida, a la tierra, a la poesía y a la lluvia.
Por mucho que he caminado me parece que se ha perdido ese arte de llover que se ejercía como un poder terrible y sutil en mi Araucanía natal. Llovía meses enteros, años enteros. La lluvia caía en hilos como largas agujas de vidrio que se rompían en los techos, o llegaban en olas transparentes contra las ventanas, y cada casa era una nave que difícilmente llegaba a puerto en aquel océano de invierno.
Esta lluvia fría del sur de América no tiene las rachas impulsivas de la lluvia caliente que cae como un látigo y pasa dejando un cielo azul. Por el contrario, la lluvia austral tiene paciencia y continúa, sin término cayendo desde el cielo gris.
Frente a mi casa, la calle se convirtió en un inmenso mar de lodo. A través de la lluvia veo por la ventana que una carreta se ha empantanado en medio de la calle. Un campesino, con manta de castilla negra, hostiga a los bueyes que no pueden más entre la lluvia y el barro.
Por las veredas, pisando en una piedra y en otra, contra frío y lluvia, andábamos hacia el colegio. Los paraguas se los llevaba el viento. Los impermeables eran caros, los guantes no me gustaban y los zapatos se empapaban. Siempre recordaré los calcetines mojados junto al brasero y muchos zapatos echando vapor, como pequeñas locomotoras. Luego venían las inundaciones, que se llevaban las poblaciones donde vivía la gente más pobre, junto al río. También la tierra se sacudía, temblorosa. Otras veces, en la cordillera asomaba un penacho de luz terrible: el volcán LLaima despertaba".

INFANCIA Y POESÍA
Confieso que he vivido
Pablo Neruda



Fotografía: Cielo con arco iris en la América Austral

lunes, 27 de octubre de 2008

Neruda, hombre generoso


Pensé entregarme a mi trabajo literario con más devoción y fuerza. El contacto con España me había fortificado y madurado. Las horas amargas de mi poesía debían terminar. El subjetivismo melancólico de mis Veinte poemas de amor o el patetismo doloroso de Residencia en la tierra tocaban a su fin. Me pareció encontrar una veta enterrada, no bajo las rocas subterráneas, sino bajo las hojas de los libros.

¿Puede la poesía servir a nuestros semejantes? ¿Puede acompañar las luchas de los hombres?. Ya había caminado bastante por el camino de lo irracional y de lo negativo. Debía detenerme y buscar el camino del humanismo, desterrado de la literatura contemporánea, pero enraizado profundamente a las aspiraciones del ser humano.

Comencé a trabajar en mi Canto general . Para esto necesitaba un sitio de trabajo. Encontré una casa de piedra frente al océano, en un lugar desconocido para todo el mundo, llamado Isla Negra. (...)

La costa salvaje de Isla Negra, con el tumultuoso movimiento oceánico, me permitía entregarme con pasión a la empresa de mi nuevo canto.

Pero la vida me sacó de inmediato de allí. Las noticias aterradoras de la emigración española llegaban a Chile. Más de quinientos mil hombres y mujeres, combatientes y civiles, habían cruzado la frontera francesa. (...)

El Gobierno del Frente Popular de Chile decidió enviarme a Francia a cumplir la más noble misión que he ejercido en mi vida: la de sacar españoles de sus prisiones y enviarlos a mi patria. (...)

Casi inválido, recién operado, enyesado de una pierna -tal eran mis condiciones físicas en aquel momento- salí de mi retiro y me presenté al presidente de la república. Don Pedro Aguirre Cerda, me recibió con afecto.

- Sí, tráigame millares de españoles. Tenemos trabajo para todos. Tráigame pescadores, tráigame vascos, castellanos, extremeños...

Y a los pocos días, salí para Francia a buscar españoles para Chile.


Pablo NERUDA, " Confieso que he vivido"





Dedicado a Chile, a los chilenos y sobre todo a Pablo Neruda, donde esté, con cariño.



Fotografía: mapa America del Sur, costa de Chile

martes, 21 de octubre de 2008

una historia de pájaros

En el lago Budi perseguían a los cisnes con ferocidad. Se acercaban a ellos sigilosamente en los botes y luego rápido, rápido remaban... Los cisnes, como los albatros, emprenden difícilmente el vuelo, deben correr patinando sobre el agua. Levantan con dificultad sus grandes alas. Los alcanzaban y a garrotazos terminaban con ellos.
Me trajeron un cisne medio muerto. Era una de esas maravillosas aves que no he vuelto a ver en el mundo, el cisne de cuello negro. Una nave de nieve con el esbelto cuello como metido en una estrecha media de seda negra. El pico anaranjado y los ojos rojos.
Esto fue cerca del mar, en Puerto Saavedra, Imperial del Sur.
Me lo entregaron casi muerto. Bañé sus heridas y le empujé pedacitos de pan y de pescado en la garganta. Todo lo devolvía. Sin embargo, fue reponiendose de sus lastimaduras, comenzó a comprender que yo era su amigo. Y yo comencé a comprender que la nostalgia lo mataba. Entonces cargando el pesado pájaro en mis brazos por las calles, lo llevaba al río. Él nadaba un poco, cerca de mí. Yo quería que pescara y le indicaba las piedrecitas del fondo, las arenas por donde se deslizaban los plateados peces del sur. Pero él miraba con ojos tristes la distancia.
Así cada día, por más de veinte, lo llevé al río y lo traje a mi casa. El cisne era casi tan grande como yo.
Una tarde estuvo más ensimismado, nadó cerca de mí, pero no se distrajo con las musarañas, con que yo quería enseñarle de nuevo a pescar. Se estuvo muy quieto y lo tomé de nuevo en brazos para llevármelo a casa. Entonces, cuando lo tenía a la altura de mi pecho, sentí que se desenrollaba una cinta, algo como un brazo negro me rozaba la cara. Era su largo y ondulante cuello que caía. Así aprendí que los cisnes no cantan cuando mueren.

Pablo NERUDA. "Confieso que he vivido"




Fotografía: Cisne de cuello negro, Cygnus melancoryphus, propio de America del Sur. Habita en los lagos de agua dulce, agua salobre, y en las costas del mar. Pasa la mayor parte del tiempo en el agua.

jueves, 16 de octubre de 2008

cuando solo nos quedan la palabras


...Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan... Me prosterno ante ellas... las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo tanto las palabras... Las inesperadas... las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen... vocablos amados... Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras... Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema... Las agarro al vuelo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto... Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola... Todo esta en la palabra... Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que la obedeció... Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces... Son antiquísimas y recientísimas... Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada... Que buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos... Éstos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo... Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a los que ellos traían en sus grandes bolsas... Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra... Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes... el idioma. Salimos perdiendo... Salimos ganando... se llevaron el oro y nos dejaron el oro... Se lo llevaron todo y nos dejaron todo... Nos dejaron las palabras



Pablo Neruda, "confieso que he vivido"