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miércoles, 3 de febrero de 2021

entre oscuridades




La cuna se balancea sobre un abismo, y el sentido común nos dice que nuestra existencia no es más que una breve rendija de luz entre dos eternidades de tinieblas. Aunque ambas son gemelas idénticas, el hombre por lo general, contempla el abismo prenatal con más calma que aquel otro hacia el que se dirige (a unas cuatro mil quinientas pulsaciones por hora).

[...]


Vladimir Navokov. Habla, memoria. 


Imagen: Kiki Smith

viernes, 26 de julio de 2013

cuaderno de penas


Dolor y pena, vidas rotas llenaron un grueso cuaderno de tapas negras, envejecido prematuramente por las lagrimas derramadas sobre él...

In Memoriam; ALVIA Madrid-Santiago de Compostela, 24 de julio de 2013



Fotografía:  Daisy Chain, obra de Kiki Smith


martes, 26 de enero de 2010

dos vidas


Nació ochomesina, débil, insignificante, llorona inconsolable, vapuleada en su gestación, por el cuerpo enfermo y doliente de la madre. Apenas recibió el inmediato afecto de su abuela, que cogiéndola en brazos sopesó el escaso futuro que le esperaba. Por contra, el médico de la familia, la recibió como un reto a su dignidad profesional y luchó por ella con toda la fuerza de sus rudimentarios conocimientos pediátricos.

Durante unos meses la criatura se debatió entre la vida y la muerte, llorando sin tregua, con una fuerza que parecía exceder el tamaño y la capacidad de sus pequeños pulmones. Una mañana, después de una larga llantina a la que nadie acudió, la encontraron revuelta y medio ahogada entre las cintas y las puntillas que adornaban su cuna. Aquel mismo día, ingresaron en un sanatorio a la madre, enferma y desquiciada por el llanto de la criatura. La niña quedó en la casa familiar, bajo la fría tutela paterna.

La lucha por la supervivencia de madre e hija transcurrió por caminos paralelos, caminos hostiles, faltos de afecto, caminos largos, duros, estériles. A lo largo de sus vidas esos caminos se cruzaron ocasionalmente, en protocolarios acontecimientos y reuniones familiares, dejando patente en los gélidos abrazos, en sus furtivas miradas, la incomprensión mutua, el más duro reproche...

La agonía de la madre y una prematura y mortal enfermedad de la hija reunieron a ambas de nuevo en la casa familiar, en un último, glacial y definitivo encuentro. Murieron el mismo día, a escasos minutos de diferencia, a escasa pero, inmensa distancia la una de la otra. La muerte sin embargo las llevó juntas, y unió sin remedio el camino de origen, y el destino final de ambas.


cosas que pasan: pfp


Fotografía: obra de Kiki Smith

martes, 5 de enero de 2010

taller de juguetes



"Caleb y su hija se hallaban trabajando juntos en el taller, que hacía las veces de cuarto de estar, un lugar realmente sorprendente. Había casas, acabadas y aún por terminar, para muñecas de todas las clases sociales: casas de vecinos de los suburbios para muñecas de recursos modestos, cocinas y hogares de una sola habitación, para las que pertenecían a las clases menos favorecidas; magníficas mansiones en el centro de la ciudad para muñecas de alta posición. Algunas de ellas ya estaban amuebladas, según un presupuesto adaptado a las muñecas que disponían de ingresos limitados; otras podían decorarse por encargo con los muebles más caros, pues disponían de estanterías repletas de sillas y mesas, sofás, canapés y telas para tapizar. Los clientes de la alta y baja nobleza y el público en general para quienes se habían construido aquellas casas andaban desperdigados por todas partes en canastos, tumbados y mirando al techo, pero a la hora de precisar el rango social de cada una de aquellas muñecas y situarlas en el nivel que las correspondía (tarea penosa y difícil en la vida real, como sabemos por experiencia), los fabricantes de aquellas muñecas habían superado, y con creces la naturaleza, a menudo arisca y perversa, pues sin someterse a detalles tan arbitrarios como el raso, el algodón estampado y los andrajos, habían recreado por su cuenta sorprendentes rasgos personales que hacían imposible cualquier confusión. Así, como característica exclusiva, las extremidades de las muñecas más distinguidas eran de cera y perfectamente simétricas ; las de aquéllas que ocupaban el siguiente peldaño en la escala social eran de cuero, y las de extracción más baja de paño basto. En cuanto a los brazos y las piernas eran de cuerda sin más, como las mechas. De esta manera, cada muñeca quedaba situada en un ambiente determinado, sin posibilidad de pasar a otro."




Texto: "El grillo del hogar" (segundo canto). Charles Dickens




Fotografía: obra de Kiki Smith

sábado, 26 de abril de 2008

reflexiones ante un armario



Aquella mañana en un libro sobre Tony Oursler que había consultado para preparar una crítica, había leído de pura casualidad y fuera de contexto una cita entrecomillada, decía que, “los armarios son autobiográficos, que los objetos que contienen se convierten en un lugar arqueológico personal. Un banco en la memoria convertido en físico, que por eso son tan horripilantes, que nos recuerdan siempre al pasado, que delante de un armario se entra en conflicto directo con las leyes naturales que gobiernan el paso del tiempo, que limpiar este espacio es, por defecto una forma de editar nuestra historia personal, que el proceso se convierte en introspectivo hasta un grado enfermizo, ya que cada objeto, grande o pequeño exige que nos fijemos en él y enjuiciemos su valor actual…”


Ninguna razón le hubieran obligado con tanta autoridad a plantarse delante de su armario, echarle una ojeada y finalmente hacer orden. Ni su madre con castigos, cuando era pequeña y con malas caras cuando ya fue más mayor, lo consiguió.


En cuanto llegó a casa, con gran decisión y sin siquiera quitarse la gabardina abrió las cuatro puertas del armario empotrado y dio un paso atrás, luego dos más, necesitaba distancia…allí había de todo, perchas atiborradas, ropa mal colgada, jerseys hechos un burullo en los estantes, camisas y camisetas que nunca encontraba cuando se las quería poner, dos perchas imposibles, arrinconadas, las de la “esperanza” las llamaba ella, con pantalones de talla 38. En los cajones cajas con bisutería, bisutería sin cajas, calcetines desparejados algunas cartas, muchas facturas, folletos a barullo, cds, postales, pañuelos revueltos con ropa interior y medias de fantasía, fotos pegadas en las puertas, alguna entrada de cine, cinturones de todos los colores, una radiografía metida en un sobre marrón de cuando se rompió el pié hacía ya cinco años, bolsos de mano, bolsas vacías, tres paraguas plegables, una pamela abollada… ¡ santo dios¡, retrocedió otros dos pasos, se ajustó la cinta elástica que llevaba en el pelo y en un arranque de valentía y determinación decidió que no, que no estaba lo suficientemente preparada para realizar un trabajo arqueológico de esa envergadura, así que vació todo el contenido del armario encima de la cama. Casi sin mirar, metió todo, absolutamente todo en dos docenas de bolsas de basura, las cerró con energía, llamó al portero para que le ayudara, cuando se lo llevó todo le dio una buena propina y ella salió pitando hacia el Centro Comercial, sabía que no cerraban hasta las diez.

Fotografía: Obra de Kiki Smith