martes, 5 de enero de 2010

taller de juguetes



"Caleb y su hija se hallaban trabajando juntos en el taller, que hacía las veces de cuarto de estar, un lugar realmente sorprendente. Había casas, acabadas y aún por terminar, para muñecas de todas las clases sociales: casas de vecinos de los suburbios para muñecas de recursos modestos, cocinas y hogares de una sola habitación, para las que pertenecían a las clases menos favorecidas; magníficas mansiones en el centro de la ciudad para muñecas de alta posición. Algunas de ellas ya estaban amuebladas, según un presupuesto adaptado a las muñecas que disponían de ingresos limitados; otras podían decorarse por encargo con los muebles más caros, pues disponían de estanterías repletas de sillas y mesas, sofás, canapés y telas para tapizar. Los clientes de la alta y baja nobleza y el público en general para quienes se habían construido aquellas casas andaban desperdigados por todas partes en canastos, tumbados y mirando al techo, pero a la hora de precisar el rango social de cada una de aquellas muñecas y situarlas en el nivel que las correspondía (tarea penosa y difícil en la vida real, como sabemos por experiencia), los fabricantes de aquellas muñecas habían superado, y con creces la naturaleza, a menudo arisca y perversa, pues sin someterse a detalles tan arbitrarios como el raso, el algodón estampado y los andrajos, habían recreado por su cuenta sorprendentes rasgos personales que hacían imposible cualquier confusión. Así, como característica exclusiva, las extremidades de las muñecas más distinguidas eran de cera y perfectamente simétricas ; las de aquéllas que ocupaban el siguiente peldaño en la escala social eran de cuero, y las de extracción más baja de paño basto. En cuanto a los brazos y las piernas eran de cuerda sin más, como las mechas. De esta manera, cada muñeca quedaba situada en un ambiente determinado, sin posibilidad de pasar a otro."




Texto: "El grillo del hogar" (segundo canto). Charles Dickens




Fotografía: obra de Kiki Smith

7 comentarios:

lamujerdiez dijo...

Dios! Ni naciendo muñeca habría escapado a mi destino. Hoy que todos tus adictos deben andar haciendo de Reyes o de pajes, o mezclándose entre la masa para vete a saber qué hacer, convertirse en pervertidos o en niños otra vez, camuflados, encogidos, felices, saltando para pillar algún caramelo, aprovecho la privacidad de esta entrada virgen para felicitarte el nuevo año.

pilar dijo...

pues sí, eso es lo que pensé cuando leí este fragmento del cuento de Dickens, que ni naciendo muñeca escapa una a su destino o ¿si? ...
el tuyo es, por suerte para mi, ponerme siempre el listón muy alto. Te mando un abrazo enorme, (el año pasado si no recuerdo mal estábamos de "reinas", reinando por los bazares madrileños, y fumando por la noche,hasta las mil, los últimos cigarrillos de nuestras vidas...)

GLÒRIA dijo...

Un hermoso fragmento de un cuento que no sé si leeré. Siempre ando deudora con Dickens pero, en mi descargo, su evocación es casi constante. Una vez pasé dos horas largas en su casa y desde entonces lo siento aún más familiar. Post hermoso y sensible con fotografía que me deja muda.
Un petó, Pilar.

Josefina dijo...

No creo que se nazca "algo" en concreto. Se nace, se llega; se muere, se vuelve...
Las mil y una circunstancias parecen configurar la condición de la existencia, pero es que el mundo se mueve por opuestos: sin las muñecas de trapo no se admirarían las de porcelana y, dado que nos pensamos duales, así caemos en determinismos que no son tales. Lo esencial (de esencia) es como, a pesar de todos los pesares, uno se siente y se sabe, ser no dual con las infinitas posibilidades que en la vida habitan. Así Pilar, hace un año fuiste una reina mientras la pobre muñeca colgaba de una cuerda y sin la cual no hubieras podido definirte hoy, en el recuerdo...

CAS dijo...

He disfrutado esta lectura y los comentarios tambíén!!! A veces se nace y se queda en lo que se es... Yo emprendo muchos días pensando que no, que se puede salir de donde no se está a gusto con esfuerzo y determinación, aunque más no sea para tener un motivo por qué vivir.
De todos modos,está bien destacado este texto por tí, porque es muy rico para la reflexión.
La fotografía.... un exquisités.
Te dejo un abrazo.

kundry dijo...

Por deformación profesional, (ya sabes que Kundry era un poco hechicera y por tanto cercana a "médico del seguro"), no entiendo que las extremidades de las muñecas, según su distinción, eran de cera, cuero o paño basto; y luego las piernas y los brazos eran de cuerda sin más, como las mechas...
Estoy un poco abotargado de roscón y quizás por eso no entiendo la diferencia entre extremidades, brazos y piernas...

pilar dijo...

kundry, como te has puesto de roscón; tengo la impresión que las muñecas en tiempos de Dickens llevaban faldas largas al uso y moda de aquellos tiempos, además las muñecas de las que habla Dickens en su cuento, son para habitar casitas de juguete con lo cual...
glorichu, ¿solo estuviste dos horas en la casa de Dickens? pues a la vista de como escribes te cundió,¿osmosis? ¿nos pasarás la dirección?...
josefina, josefina, cielete,tú el listón me lo pones directamente en las nubes con lo terricola que soy yo... pero, aunque no creamos en él, aunque nos parezca que luchando contra él, lo vencemos, no es cierto, no se escapa al destino... aunque utilicemos como dice Cas esfuerzo y determinación...