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jueves, 26 de noviembre de 2009

tostadora connection y 5, el mendigo

Cualquiera que nos viera aproximarnos nos cedía el paso en la acera, formábamos un grupo sin igual. Él, barbudo, de edad indefinida, unos mechones grisáceos amarillentos le rebasaban por detrás y por los lados de las solapas de un viejo abrigo gris, el perro, viejo, cojo, desgarbado y manso, el carrito del super, atrotinado, desconchado, desbordado de cartones y periódicos atrasados y, coronándolo todo yo, una vieja tostadora sin brillo, con una gran abolladura en el lateral...


Cuantas cosas no son lo que parecen... ni el mendigo era mendigo, ni el perro era manso, ni yo un cacharro inútil...

Al llegar al cuchitril donde vivía, el hombre, comprobó que milagrosamente yo todavía funcionaba. Me colocó en una estantería cerca de la mesa donde comía, leía, dormitaba y el perro le calentaba los pies. A mi lado, un aparato de música se conectaba a un sofisticado sistema de altavoces, que había ido rescatando de los contenedores de media ciudad y que tenía estrategicamente distribuidos por todo el cuchitril.
Con el tiempo supe que aquel hombre, había desertado de un trabajo convencional que odiaba, que otro día, había recogido al Tuerto (el perro), medio muerto, después de una paliza que le había propinado su antiguo dueño, y que poco a poco se había hecho con una rutina en la que vivía rodeado de chatarras y cachivaches, y qué junto con la música y el Tuerto, le hacían sentirse moderadamente feliz.

En aquel antro, me encontró una tarde mi actual dueña, entró atraída por la música y por toda la quincalla que se veía desde la puerta. Se encaprichó conmigo, la acogida del chatarrero, su conversación y la demostración práctica de que yo todavía funcionaba hicieron el resto.

Al cabo de un buen rato salí en sus brazos, envuelta en un viejo periódico. Recorrimos media ciudad en autobús hasta apalancarme en la barra de un bar, mientras ella no paraba de beber copa tras copa. Aquella noche tan larga, la terminé en la cama con ella... el resto de la historia ya la conocéis, después de acarrearme en brazos por todo el piso, acabó depositándome aquí, en este mueble moderno, bajo, lacado en rojo...

Ella sigue sentada frente a mí, mirándome... quizá algún día claudique de esa irrealidad en la que parece vivir y quiera hacerse una tostada, entonces estoy segura que me llevará a la cocina, y yo, podré calentar de nuevo mis resistencias. Estoy deseándolo...


cosas que pasan. Tostadora connection. pfp

Fotografía: Claes Oldenburg http://www.oldenburgvanbruggen.com/

lunes, 23 de noviembre de 2009

tostadora connection 4, la pareja


Eran un par de jóvenes profesionales, él abogado y ella también, de esos que trabajan todo el día hasta las mil. Al principio fue maravilloso, ella hacía las tostadas de la mañana y él preparaba canapés variados a la noche… el resto del día, la casa era un funeral de tercera… pasaron unos meses muy aburridos. Por suerte contrataron una interina que llegaba a primera hora de la tarde, ponía la tele de la cocina y mientras planchaba nos entreteníamos con los complicados tejemanejes de las novelas. Aprendí mucho con los seriales, y así al poco tiempo deduje que las cosas entre la pareja no marchaban bien…

Empecé a oír discusiones y reproches que al principio acababan bien, pero que poco a poco fueron volviendose agrias, era raro ya verlos juntos en la cocina. Ella dejó de hacer las tostadas de la mañana y se marchaba al trabajo sin desayunar, siempre con prisa, y él dejó de hacer los canapés de la noche y llegaba muy tarde a casa, exceptuando los días que retransmitían fútbol en la tele, entonces se quedaba en la cocina con unos botes de cerveza y una pizza, mientras ella, se marchaba con sus amigas al cine o conectaba el otro aparato que tenían en el dormitorio.

Un sábado a media mañana, se acabó lo que se daba, les oí pelearse a gritos durante un rato, hasta que entraron en la cocina dando voces, ella comenzó a prepararse un café mientras no dejaba de recriminarle a él y él, derramó un vaso de leche fría sin dejar de recriminarle a ella.

Total; ella le engañaba a él y él le engañaba a ella. Yo pensaba que en estos casos de empate técnico, no había porqué ponerse así, pero claro está, estaba equivocada. Ella dejó la cafetera a medio preparar y salió de la cocina dando un portazo, que dejó temblando la repisa de los vasos, y él rojo de ira se acercó a mí, me desenchufó, me cogió con las dos manos y me tiró con toda su fuerza contra la ventana.

Rompí el cristal y salí volando los tres pisos que me separaban de la calle. Aterricé de canto, en medio de un arbusto que adornaba la acera de enfrente, ni que decir tiene que quedé KO... no sé cuantos días estuve allí tirada hasta que, un mendigo, me recogió del suelo y me metió en un viejo carro de supermercado al que iba también atado un perro...


(continuará)

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Fotografía: Tom Wesselmann

viernes, 20 de noviembre de 2009

tostadora connection 3, el nieto




Salí de casa de la viuda metida malamente en una vieja bolsa de hipermercado junto a la minipimer, un par de sartenes usadas, y mi compañero de cautiverio el pasapurés. En tan selecta compañía, pensé que íbamos directamente a la basura...

Pero no, aquel chaval me llevó a vivir a una casa que compartía con tres amigos más. Teóricamente eran estudiantes, pero yo nunca vi libro alguno en sus manos, ni he visto más verbena y más jarana que la que vi en aquella casa en el tiempo que compartí mi vida con ellos.

Fue mi mejor época, sin duda. El nieto me utilizaba a diario, a diferencia de su abuelo, las tostadas las untaba sabiamente con un tomate maduro que cortaba por la mitad y les añadía un chorrito de aceite y una pizca de sal. Indiferente a la hora que se levantara, ni la prisa que tuviera no salía de casa sin comer el susodicho pan con tomate y beberse un vaso de leche con chocolate.

En aquella casa, escuché música de todas las especies, conversaciones trascendentes e intranscendentes, oí elucubraciones de todas clases, opiniones y experiencias, discusiones apasionadas sobre fútbol... y allí, reunidos los chicos a la mesa redonda de la cocina, contemplé interminables partidas de Mus, que se prolongaban hasta la madrugada entre cubatas y humo de tabaco...


La fiesta duró casi dos años, lo que no está nada mal para una fiesta. Todo terminó cuando el padre del nieto, osea el yerno de la viuda, se presentó un día en casa de improviso, y le cantó a su hijo las cuarenta en bastos... A consecuencia de aquello, los chicos dejaron el piso y en su lugar llegaron un par de pintores y una mujer de la limpieza que dieron un nuevo aspecto a la casa, en la que se instaló una pareja joven de la que no tenía referencia alguna.


(continuará)
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Fotografía: Obra de Sigmar Polke

miércoles, 18 de noviembre de 2009

tostadora connection 2, la viuda


La viuda, una mujer gris, sin iniciativa, se instaló en un duelo persistente, del que no fueron capaz de sacarla amigos ni familiares. La primera medida que tomó, fue negarse al pequeño placer matinal de las tostadas con mantequilla y mermelada del desayuno, y así, unos días después de enterrar a su marido, se plantó frente a mí, me desconectó, enrolló bruscamente el cable y me metió en un oscuro armario de la cocina al lado de un viejo pasapurés, de un colador de plastico azul, y de una inservible olla a presión. Allí estuve mucho tiempo, escuchando a lo lejos, interminables, reiterativos, y fallidos argumentos para convencer a la viuda de un cambio de actitud más positivo…


Una mañana antes de las ocho, escuché la radio en la cocina, olí a café, de pronto se abrió el armario, apareció la viuda en bata y camisón, me miró, acercó sus manos en actitud de cogerme, pero no llegó hacerlo. En su mirada, de pronto advertí el orgullo, la soberbia del fundamentalismo. Cerró la puerta del armario de nuevo, apagó la radio y salió de la cocina sin tan siquiera beberse el café.


Pasé un tiempo interminable dentro del armario, meses, quizá años no sé...y cuando pensaba que nunca saldría viva de allí, apareció mi salvador, uno de sus nietos dió conmigo un día, mientras buscaba una vieja minipimer entre toda la cacharrería acumulada por su abuela a lo largo de los años...

(continuará)

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Ilustración: obra de Alex Katz

domingo, 15 de noviembre de 2009

tostadora connection 1, el jubilado

Mi grueso cable negro, está enchufado a la red eléctrica, pero hace mucho tiempo que nadie me utiliza. Estoy depositada sobre un moderno mueble de diseño lacado en rojo... no entiendo que hago aquí en vez de estar sobre la encimera de la cocina. Mi actual dueña es una mujer extraña, casi a diario se sienta en una butaca frente a mí y me mira fijamente durante largo rato, otras, abre la ventana de la sala y se queda como hipnotizada mirando el cielo …

Sin nada que hacer y con mis resistencias frías, se me ha ocurrido contar mis memorias…

Soy una tostadora ancha y alta, de acero inoxidable, modelo familiar. Salí de una tienda de electrodomésticos hace ya muchos años, reluciente, con mi grueso cable negro perfectamente enrollado y sujeto con un pequeño elástico. Metida en una caja y envuelta con papel de colores y un lazo verde, me ofrecieron como regalo de jubilación a mi primer dueño.

Era un hombre serio y metódico, que parecía tener una sóla ilusión, desayunar el resto de su vida sentado tranquilamente en su agradable cocina, mientras escuchaba las noticias de las ocho.
Cada día durante casi dos años me conectó puntualmente a las ocho menos cuarto y mientras yo tostaba el pan él hacía el café, calentaba la leche y preparaba la mesa para él y su mujer. Me cuidaba con esmero, vaciaba la bandejita de las migas, y me pasaba una bayeta suave que me dejaba reluciente como el primer día.


Un día a media mañana hubo un gran revuelo en el piso, llamadas telefónicas urgentes, visitas intempestivas, llanto, estupor... al fin, los hijos reunidos a la noche en la cocina entorno a un café, confirmaron mi sospecha, mi dueño había muerto, un coche a gran velocidad se lo había llevado por delante en un paso cebra...


(continuará)
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Fotografía: White bread obra de James Rosenquist


martes, 31 de marzo de 2009

mirando hacia arriba, cuatro, punto y final.


Cuando se despertó ya era de noche, los días eran muy cortos en esa época del año, se preparó un café y recogió el periódico viejo que le había dado el chatarrero para envolver la tostadora. De una pasada leyó un pequeño titular; "la Unesco declara el año 2009 como el Año Internacional de la Astronomía"... parecía un capricho, siguió leyendo, - "Galileo Galilei hacía 400 años, había fabricado con sus propias manos el primer telescopio de uso astronómico, con el cual el italiano cambió radicalmente la visión humana del cosmos. Galileo descubrió lunas orbitando alrededor de Júpiter, y cráteres nunca observados en la Luna, demostrando que la Tierra no era el centro del universo en torno al cual todo giraba, tal y cómo se creía entonces"-.

Se acercó a la ventana y miró hacia arriba, tuvo que estirar mucho el cuello, parecía imposible pero si, allí estaba el cielo, entre su ventana del piso 24 y el altísimo edificio de enfrente...pensó que no parecía que hubiera estrellas ni galaxias, si acaso un gran agujero negro...


Arrastró una butaca frente a la tostadora, dejó a un lado las aspirinas y el vaso de agua, sintió que no las necesitaba, terminó el café y puso en marcha el ordenador y el teléfono móvil... después de revisor el correo y las llamadas perdidas, salió a la calle, decidida a ver la luna y si no pensó, alguna estrella encontraría.

cosas que pasan, Mirando hacia arriba.Tostadora connection. pfp



Fotografía: obra de Anselm Kiefer

lunes, 30 de marzo de 2009

tres, (mirando hacia arriba)


Aquella noche también llegó tarde a casa y también pasada de alcohol, se tiró a la cama rendida, comatosa, sin siquiera quitarse los zapatos, al cabo de unas horas de sueño profundo, le despertó bruscamente un golpe metálico en la cabeza, al abrir los ojos encontró entre sus brazos el objeto causante... dio un respingo en la cama y un poco asustada se incorporó sobre la almohada... en cuanto se le aclararon la vista y las ideas, se levantó y fue derecha a las aspirinas, dos de golpe -esta vez era terapia, tenía un dolor de cabeza espantoso-.


...



La tostadora era enorme, cuadrada, todavía conservaba cierto brillo de aquellos aceros inoxidables de los años sesenta, pero lo que le sedujo de ella fue la gran abolladura que obstentaba al otro lado del negro y grueso cordón eléctrico. El chatarrero que le vendió el trasto no sólo le aseguró que funcionaba sino que le hizo una demostración práctica; una tostada y luego un té que compartieron charlando sin prisas, -esto señorita, son "cosas que pasan", alguien tiene un pronto y¡¡ zas¡¡... la tostadora, la cafetera, una puerta, cualquier cosas es buena para descargar energía negativa, si, sale más a cuenta que unas sesiones de terapeuta añadió ella. Se tomó el té y la tostada, pagó y prometió volver en breve, había allí montañas de cacharros por descubrir. Subió de nuevo al autobús con la tostadora en brazos, envuelta en un periodico viejo.


...



Recogió la tostadora de encima de la cama y con ella en brazos entró en la dimunita cocina de su apartamento, buscó a derecha e izquierda donde dejarla, no le cabía, tendría que quitar el microondas o la licuadora gigante que nunca había utilizado... se giró hacia el salón otra vez, y en apenas tres segundos encontró el sitio, retiró con un codo la lámparita de mesa con pantalla verde berza, y dejó sitio a la enorme tostadora, desenchufó la lámpara y la dejó en el suelo, enchufó el grueso cable negro de la tostadora y retrocedió mirando despacio su nueva adquisición... Fue entonces cuando recordó a Duchamp y su "urinario"... ¡por fin lo entendía¡ y ya sin ninguna duda , decidió elevar de categoría a la tostadora y convertirla en "arte contemporáneo" con cable y todo, conectada a la red.


Volvió a la cama otra vez, se abrazó a la almoahada mucho más tranquila, y decidió dormir hasta las tantas...





Fotografía: obra de Wiliam de Kooning


viernes, 27 de marzo de 2009

mirando hacia arriba, dos


Llegó a casa de noche, muy tarde, pasada de alcohol y por agua, se quitó el dos piezas de Armani y lo metió en una bolsa de basura junto a los restos de una botella de ketchup y unos espaguetis olvidados encima de la mesa de la cocina en avanzado estado de petrificación.

Durmió toda la noche como si le hubieran puesto pentotal en vena. Al despertar por la mañana, resacosa, repitió la ceremonia de las aspirinas, se puso sus vaqueros más roñosos, se pintó poco y mal, dejó el pelo sin peinar, como siempre, mal cortado por ella misma en arrebatos de última hora frente al espejo con las tijeras de las uñas, se concedió una sonrisa, recordando que no obstante su pelo, marcaba tendencia en la oficina, -así de tonta era la gente- pensaban que el corte era obra de un peluquero última moda, se caló sus grandes gafas de sol, y entonces empezó a encontrarse algo mejor...

Sin saber que hacer, con todo el día por delante, salió a dar tumbos por la ciudad, seguía lloviendo y pasó el día de autobús en autobús, realizó la linea completa del 326 que paraba cerca de su casa, empalmó en el final de trayecto con el 620, y luego con el 187, para terminar en el 459, con la única compañía consciente de una caja de donuts y dos latas de cocacola, que fue comiendo y bebiendo, mientras miraba sin ver la ciudad a través del cristal del autobús correspondiente.

A media tarde dejó de llover y decidió bajarse a tomar un café en un barrio desconocido y cutre a las afueras ...




Fotografía: obra de Philip Taafle

miércoles, 25 de marzo de 2009

mirando hacia arriba, uno


Por suerte no tengo, ni padre, ni madre, ni perrito que me ladre, -pensó, sacándose la lengua delante del espejo, cogió un poco de agua en un vaso desechable y se tragó un par de aspirinas de golpe, medida profiláctica por si le daba “algo”.

Acababa de pactar "su despido improcedente", le daba derecho a dos años de paro… Después de casi diez años de trabajo, después de montar toda la estructura de la Empresa y un equipo competente y profesional, ... sin escatimar tiempo, había hecho jornadas de catorce horas, había prescindido de fines de semana, había regalado vacaciones… no se engañaba, le había costado su matrimonio... y de pronto nombraban un capullo de Presidente nuevo, con el que no se entendió desde el primer momento, y con la disculpa de la Crisis... le invitan a coger la puerta y marcharse...

Bajó a la calle, hacía un frío que pelaba, era el viento, que se colaba en los cruces de las calles como si todas las puertas de la ciudad estuvieran abiertas de par en par, provocando una corriente de aire que helaba hasta las ideas, pero eso era precisamente lo que necesitaba... no pensar.

Miró hacia arriba, intentando ver el cielo. Se hacía complicado con aquellos edificios cada vez más y más altos, siguió caminando hasta atisbarlo en uno de esos cruces con viento incontrolado. Estaba nublado, de hecho justo en ese momento empezaron a caer las primeras gotas de una lluvia fina y heladora.





Fotografía: obra de Anselm Kiefer
www.youtube.com/watch?v=IzBy6agXKoA (de parte de Javi Duque)