En 1565, cuando Rembrandt contaba cincuenta años, se le declaró insolvente.
"Acudía a menudo a las subastas públicas donde compraba trajes usados y pasados de moda que le parecían extraños y pintorescos. Y a pesar de que a veces estaban sucísimos, los colgaba en las paredes de su estudio entre las cosas hermosas que también se complacía en poseer; por ejemplo toda clase de armas antiguas y modernas- flechas, alabardas, puñales, sables, navajas y cosas de esta índole - ; también cantidades innumerables de dibujos exquisitos, estampas, medallas y cosas semejantes. Además merece gran elogio por una cierta prodigalidad extravagante suya, es decir por la gran estima en que tenía su arte siempre que se subastaran objetos que le pertenecían, especialmente pinturas y dibujos de gran tamaño, ofrecía en su primera puja, un precio tan alto que nunca hubo un segundo postor". (Baldinucci V, 307)
Sus colecciones hubieron de venderse, y dos años más tarde se vio obligado a vender también su importante casa con pérdida considerable, y a trasladarse a una vecindad humilde.
Rembrandt, murió pobre, y aunque no tan olvidado como nos hacen creer algunos escritores, muy lejos del cenit de su renombre.
Imagen: Óleo sobre lienzo, Rembrandt, 1606-1669. Los últimos autorretratos, atestiguan la miseria del pintor, son los más oscuros y los más magistrales. Autorretrato con dos círculos, de alrededor de 1665 es sin duda el más enigmático y completo de toda la serie.


