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miércoles, 10 de septiembre de 2014
en mitad de la vida
Nunca reconozco el lenguaje en mi boca ni las palabras
escritas,
y lo que digo sucede en un discurso perdido o
en uno futuro, no es sino seducción, seducción y ser
seducido,
y ese miedo que invade al hombre cuando descubre
que grito y eco, gesto y comprensión, todo lo habitual,
es como algo regalado para siempre que de repente puede
extinguirse, y que él está solo
en la mitad de la vida.
Constantemente nos atrapa el río, del principio y del fin,
una y otra vez,
apenas ya un río, ya sólo una corriente, apenas ya una
corriente, (...)
Hermann Broch
Ilustración: Revolving House. Obra de Paul Klee 1921 Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid
viernes, 23 de mayo de 2008
labene
La bautizaron María Benedicta pero todo el mundo le llamaba Labene. Ella fue la primera de la escalera que, allá por los años 80 tuvo que buscarse un trabajo extra cuando su marido una noche se fue a comprar tabaco y nunca más volvió. Su hijo entonces tenía solo 8 años y ella sabía que habría mucha necesidad por delante, así que ni lo dudó cuando le propusieron la limpieza de un despacho de abogados en el centro de la ciudad.
Pronto, se acostumbró al horario de trabajo nocturno, salía de casa cuando los demás volvían pero eso le hizo sentirse diferente y cuando marchaba dejando a su hijo cenado, soñaba que salía al cine o al teatro como las señoras bien. Al cabo de tres años los abogados ampliaron el despacho y contentos como estaban con ella dejaron a su confianza traer otra mujer que le ayudara. Labene se sintió alagada e importante y no lo pensó dos veces se lo ofreció a Langelita, su vecina de rellano, a la que debía muchos favores de intendencia , y sobretodo la tranquilidad de dejar a su hijo pared con pared.
Langelita, bautizada, Maria de los Angeles, tenía un marido que era un pan de molde pero cortito, no pelecharía nunca en el trabajo, y ellos eran cuatro de familia y con buen apetito y a los chavales les crecían los pies de mes en mes.. así que lo pensó rápido y acepto encantada .
Pasados unos meses la vecina del 1º C, bautizada María Francisca, pero conocida por todo el vecindario como Lapaqui, les abordó en jarras. Necesitaba trabajar, su marido solo salía del bar para comer, cenar y dormir y ahora, con lo del divorcio ella se lo estaba pensando...
Tuvo suerte Lapaqui, el despacho de los abogados, viento en popa, amplió sus oficinas de nuevo y otra vez recurrieron a Labene que con su buen hacer les resolvió la papeleta de la limpieza.
Habian pasado casi 15 años trabajando juntas Labene, Langelita, y Lapaqui divorciada, cuando un 19 de noviembre decidieron celebrar el 50 cumpleaños de Labene. Era un martes, Labene les obsequió con una bandeja de charcutería fina y quesos para untar, Lapaqui y Langelita compinchadas con el guarda-jurado la sorprendieron con una botella de champán auténtica y un pastel con 50 velas de colores. Lo pasaron en grande, brindaron por la suerte maravillosa que tenían de tenerse las tres y por la vida.
Cogieron como siempre el último metro de la noche, el vagón se fue vaciando paulatinamente en cada estación que paraba, ellas como siempre bajaron en la estación término, iban alegres y chisposas por el champán. Ninguna de las tres se percató que al otro extremo del vagón en dirección contraria a la marcha viajaba un hombre que por la rigidez y el color, parecía muerto.
Dedicado a mi amiga Cristina, con cariño Pilar
Fotografía: obra de Paul KLee
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