sábado, 31 de octubre de 2009

vanitas

Los primeros cuadros de flores fueron pintados al reverso de los retratos, lo mismo que las primeras representaciones de calaveras, motivo que aparecerá después en una gran variedad de cuadros. En estos reversos se anticipa como símbolo del "mors absconditus"- el estado de descomposición que aguarda a todo mortal- el aspecto que un día ofrecerá la persona retratada en el lado anterior.

En todas las naturalezas muertas se muestra, de una manera más o menos manifiesta, el tema de la vanidad de las cosas, la queja sobre la fugacidad de la vida, simbolizadas a menudo mediante una calavera o un reloj, tal como en esta naturaleza muerta de Pieter Claesz, en la cual se añaden una copa volcada y una vela apagada símbolos del carácter efímero de los placeres humanos.

También es de señalar una velada crítica a la erudición de la cultura del libro. En la época en que fue pintado (1630), se producía una fuerte expansión del comercio de libros por Europa. La necesidad de plasmar en el libro los conocimientos, experiencias y pensamientos de la vida del individuo para inmortalizarlos, se enfrentaba a un enfoque religioso escéptico y reaccionario.




Fotografía: Obra de Pieter Claesz



3 comentarios:

Anónimo dijo...

Un cuadro y un tema muy adecuados para recordar el Día de Difuntos, y un comentario interesantísimo que me ha sabido a poco. Edipa Maas

Esdedesear dijo...

Me parece también destacable la falta de color, a diferencia de las otras naturalezas muertas que nos mostraste. Es una asociación fuerte la viveza de los colores con la vitalidad y la muerte con su ausencia. ¿verdad?.
Hoy en día bastaría con colgar una radiografía en nuestro album para recordar la vanidad de la vida. Muy interesante lo que cuentas sobre los libros, el escepticismo religioso sobre la inmortalización de los conocimientos. Gracias, Pilar.

pilar dijo...

gracias Edipa , la verdad es que ha sido fortuito, no pensé que el Vanitas coincidiera con la celebración de Todos los Santos... así son las cosas... ¡que curioso¡

Conchita sí, esa gama de tierras, tan austera, tan sobria, evoca recojimiento y reflexión...

un abrazo a las dos