martes, 26 de octubre de 2010

la familia



El primero en volver a casa fue el primogénito, fracasado de dos matrimonios y en precario estado económico, se instaló de un día para el otro en su antigua habitación. A juzgar por el voluminoso equipaje y las numerosas cajas que trajo consigo y que ordenó metodicamente, ella dedujo que la estancia no sería provisional…


Pasados unos meses llegó el hijo pequeño, después de pasar más de una década en EE UU, volvía con intención de instalarse definitivamente en la ciudad, -buscaría un apartamento para él - le dijo, pero de momento le invadió la casa de ordenadores, libros, maletas, y una voluminosa batería, instrumento al que dijo se había aficionado durante aquellos años en el extranjero…


A penas unas semanas más tarde, apareció su hija y su nieta, venían como de visita, sin tan siquiera una bolsa para el neceser… Mientras el hijo pequeño le enseñaba a tocar la batería a su sobrina, su hija se deshizo en lágrimas y le pidió cobijo para las dos…


Pasadas unas semanas, los hermanos comenzaron a comunicarse de nuevo, primero entre miradas escrutadoras, y tímidas conversaciones, y más tarde con la naturalidad que da saberse en el hogar común. La niña pequeña se colaba todas las mañanas a la cama de su abuela y ella entre legañas, terminaba de contarle el cuento que había iniciado la noche anterior. Tuvo entonces que volver de nuevo al supermercado con el carrito de la compra, y sacar la olla a presión y las cazuelas grandes que hacía años había arrinconado en el armario más alto de la cocina.


Una mañana, delante del cesto de la plancha desbordado de camisas, sábanas y ropa que recoger, se alegró de no haberse mudado de piso, ni de haber despedido nunca a la interina. Más tarde preparando un bizcocho, recordó que quedaban dos semanas para celebrar su sesenta y seis cumpleaños, pensó que quizá sería una buena ocasión para invitar a su ex-marido y conocer a su pareja.


cosas que pasan: pfp


Fotografía: tabla de plancha. pfp



9 comentarios:

Barbebleue dijo...

no siento las piernas...
¡menos mal que mi tabla de plancha es robusta!

silvia dijo...

Pilarita, que genial!! hacía tiempo que no nos regalabas uno de tus relatos. Mientras lo leía estaba esperando el giro al drama, pero veo que no, que este va con final feliz. Gracias!y un beso

Joaquim dijo...

Yo también quiero más relatos.
Este es....reparador en muchos aspectos y terrible en otros, pero como siempre, lleva la firma de la criatura, vital y reparador, lleno de amor.
I no és maco això?

okupa dijo...

Me encanta.

un petó

Josefina dijo...

!Qué relato tan actual, Pilar!
Como la vida misma pero con final aleccionador o terrorífico, no sé cómo valorarlo. No obstante, pese a todo !viva la madre valiente!
Cuenta, cuenta más, que me gusta...

GLÒRIA dijo...

Pilar:
"Este texto es de Ricardo Piglia" he pensado después de leer el primer párrafo. He seguido encantada mientras, según iba avanzando, sabía que la autora de este hallazgo eras tú. ¡Tú!
La tabla de planchar también me gusta.
¿Sigue el relato?
Un beso.

pilar dijo...

gracias a todos,

el relato descoloca un poco sí, pero es real cómo la vida que nos está tocando vivir...La madre, más que valiente diría yo "generosa"...

me gustaría continuar el relato, pero es que no sé que va a suceder, quizá si le doy un tiempo, a ver que pasa con esa convivencia forzada por los lazos familiares y por unas circunstancias tan dispares...

lo dicho, gracias a todos,

pilar

Joaquim dijo...

La madre coraje de tota la vida

CAS dijo...

Simplemente me conmovió.
besotes