jueves, 5 de enero de 2012

en la Noche de Reyes, una noche de regalo


Schehrazade dijo:

Era un hombre de rostro despejado, rasgos finos y delicados, aspecto elegante y actitud llena de gracia. Vestía con un túnica de seda de Nischabur, llevaba sobre sus espaldas un manto de terciopelo con franjas de oro, y se veía en su dedo un anillo de rubíes. Se acercó a ellos con una sonrisa de bienvenida en sus labios, diciendo: "Saludos y cordialidad a los señores que, benevolentes nos han dispensado el señalado favor de su venida." Entraron en la morada, y, viendo su maravillosa disposición, creyeron hallarse en un lugar del mismo paraíso, pues su belleza interior sobrepasaba con mucho a la exterior, y, sin ninguna duda, hubiera hecho olvidar al más torturado amante el recuerdo de la bien amada. En la sala de reunión, un pequeño jardín se miraba en la taza de alabastro donde cantaba un surtidor de diamantes que en sus proporciones era una fresca delicia y un encanto; pues si el jardín grande rodeaba al palacio con todas las flores y follajes que hay en la tierra de Alá, y , por su exuberancia. representaba una verdadera orgía de vegetación el pequeño jardín era allí la inteligencia. Las plantas que lo formaban eran cuatro flores; si, solo cuatro flores ciertamente, pero como no las había contemplado el ojo humano desde los primeros días de la creación.
La primera flor era una rosa inclinada sobre su tallo y única; no como las que suelen dar los rosales, sino la original, cuya hermana había florecido en el Edén antes de la bajada del ángel encolerizado. Era brillando por sí misma, una llama de oro rojo, un fuego de alegría mantenido desde su interior, una aurora aterciopelada, viva, rosada, fresca, virginal, inmaculada y resplandeciente. En su corola tenía la púrpura suficiente para la túnica de un rey, y, en cuanto a su aroma, de una sola aspiración ya no cabía el corazón en el pecho. Decía al alma: "Embriágate", y prestando alas al cuerpo le decía: "¡Ve volando¡". La segunda flor era un tulipán erguido sobre su tallo y también único, no uno de cualquier parterre real, sino el antiguo tulipán regado con sangre de dragones, aquel cuya raza, ya extinguida, florecía en Aram de las Columnas, y cuyo color decía a la copa llena de vino viejo: "Yo embriago sin que me toquen los labios", y al carbón encendido: "Ardo pero no me consumo". La tercera flor era un jacinto erguido sobre su tallo único, no el de los jardines  sino el padre de los lirios; aquel de un blanco puro, delicado aromado y frágil, el cándido jacinto que dijo al cisne cuando salía del agua: "yo soy más blanco que tú". Y la cuarta flor era un clavel inclinado en su tallo y único, no el clavel que riegan por las tardes en las terrazas las jóvenes, ¡oh no ¡ sino un globo incandescente , una partícula de sol cuando se hunde en Occidente, un frasco encerrado, un alma volátil de todos los aromas; el clavel mismo cuyo hermano fue ofrecido por aquel rey a Soleiman para que adornara la  cabellera de Balkis, y que sirve para el elixir de larga vida, el bálsamo espiritual, el álcali real y la triaca.
Y el agua de la taza de ser ella sola la que tocaba las cuatro flores, aunque solo fuera en imagen, tenía, incluso cuando callaba el surtidor musical, un estremecimiento de emoción. Y las cuatro flores, sabiéndose bellas  se inclinaban sonrientes sobre sus tallos y se contemplaban atentamente. Y nada más adornaba esta sala de mármol blanco y frescor, aparte de las cuatro flores en la taza; y la vista reposaba allí maravillada, sin echar de menos ninguna otra cosa.



Texto: Las mil y una noche. LLegada la noche ochocientas cinco


Fotografía: El Árbol,  obra de Gustav Klimt

7 comentarios:

Joaquim dijo...

Bellísimo relato nos regala nuestra Reina de Oriente.
Deseo que cada dia del 2012 recibas la estima y el cariño que te mereces.
Voy a cumplir mi parte

Barbebleue dijo...

el hombre de rostro despejado, rasgos finos y delicados, aspecto elegante y actitud llena de gracia, echaba de menos a su Amada; las cuatro flores, también.

no puede ser de otra manera teniendo ese pequeño jardín...

¡deseos y regalos, cada día!

pilar dijo...

Joaquium, Barbazul, criaturas, a ver si este año nos traen los Reyes un encuentro...

besos y abrazos a los dos

pilar

GLÒRIA dijo...

Yo, ante todo, debo encontrarme a mí misma. Enviad foto del encuentro.
Cuento bellísimo. Lo del árbol de Klimt me gustaría verlo estampado en sedas.
Besos, Pilita.

pilar dijo...

Gloria, hice un aaprendizaje de pintura sobre seda, es mucho más fácil de lo que parece, lo que no tengo es el gran bastidor para montar las sedas, pero podría intentar buscar uno, ¿te gustaría una túnica con el árbol estampado en ella?... en cuanto el encuentro tú debieras de participar también de él

besos, parlarem.

Esdedesear dijo...

Me gustaría, por un momento, disfrutar de ese aroma embriagador. No puedo siquiera imaginarlo, pero gracias por insinuar una existencia tal. Un abrazo Pilar.

pilar dijo...

¿quién puede siquiera imaginar "una" de las mil y una noches?

besos Conchita, me alegra mucho ver que has comenzado de nuevo tu actividad bloguera