El arte africano no sólo posee una cualidades innegables muy altas, sino que es incluso uno de los componentes más significativos del patrimonio artístico universal. No habríamos tenido arte moderno, con sus grandes nombres, sin esa aportación fulgurante, sin esa nueva fuerza que libera los cánones puramente académicos.
Las enormes lagunas de su historia, no anulan sus valores estéticos; conocer la identidad del artista sacando su obra del anonimato no acrecienta la belleza de su creación. Frente a Giotto, la emoción no nos es transmitida a través del nombre el pintor, sino de la obra en sí misma. La sociedad africana conocía a sus artistas, pero no nos ha dado a conocer sus nombres. Existían talleres igual que en Europa. Los artistas viajaban de un sitio a otro y dejaban su huella en lugares y sociedades diferentes. Surgían como en Europa corrientes, modas y evolución en las formas.
La imprónta estilística ha abierto el camino a un sistema de reconstrucción histórico-artística que nos hará sentirnos más cultos y sobretodo más responsables de la conservación, y menos culpables por no haber abierto antes los ojos ante el fenómeno del arte africano.
Fuente del texto: FMR edición española 4/1991
Fotografía:Maternidad, (detalle). Arte de los bamana, Mali. Madera, altura 112 cm. Colección particular .Parma
