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viernes, 8 de mayo de 2026

la sensatez de Baselitz

 


“De niño yo ya hacía cosas insensatas”, explica. “Era un niño destructivo. Si otro construía una bella pirámide, yo la derribaba”. Georg Baselitz, que en realidad se llama Hans-Georg Kern, tomó prestado el nombre de Deutschbaselitz, el pueblo donde nació, en Sajonia, cerca de Dresde. Su padre era un maestro de escuela. Miembro del partido nazi, fue degradado tras la caída del Tercer Reich y se le prohibió ejercer su profesión; su madre lo reemplazó en la escuela del pueblo. 
Él tenía siete años al terminar la guerra. Era uno de aquellos niños que, como el protagonista de Alemania, año cero, la película de Rossellini en el Berlín posapocalíptico de la posguerra, recibió su primera educación en la Alemania nacionalsocialista, jugó y descubrió la libertad entre las ruinas.
Al caer Deutschbaselitz en la zona de ocupación soviética, la que pronto iba a ser la República Democrática Alemana, fue “reeducado” bajo el comunismo. “En la época nazi”, recuerda, “yo quería, como fuera, entrar en la organización juvenil, hasta las Juventudes Hitlerianas, pero era demasiado joven. Después quise lo mismo con el socialismo, pero me echaron de ahí”. Un golpe de suerte, en el fondo, algo que le evitó “hacer tonterías”.

Fuente del texto: El País, octubre 2025

Imagen: Georg Baselitz, Enero 1938- Abril 2026. 
Esta pintura monumental (300x450) de 2024 muestra un águila, símbolo de fuerza vital muy usado en la heráldica alemana. Boca abajo, con medias y dos grandes ojos tan azules como los del propio pintor, recibe el irónico título Ich Kann kein Sex (No puedo tener Sexo). Una vez más, Baselitz vuelve sobre sus pasos para reafirmarse en la vida con más humor que drama.