En Las célebres órdenes de la noche (Die berühmten Orden der Nacht, 1997), Kiefer también se autorretrata como una figura solitaria yacente sobre un suelo reseco y resquebrajado bajo el inmenso manto de las estrellas. A Kiefer le fascina el firmamento nocturno y las diferentes interpretaciones que ha tenido a lo largo de la historia, especialmente aquellas que lo describen como un reino divino y misterioso que nos recuerda nuestros orígenes y nuestro destino.
La espiritualidad, explica el artista, consiste en conectar con un conocimiento más antiguo e intentar descubrir una continuidad en las razones por las que buscamos el cielo.
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