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miércoles, 18 de marzo de 2026

ADRIANO



Súbitamente, el incendio que se incubaba en las tierras orientales estalló por todas partes. Los comerciantes judíos se negaron a pagar los impuestos a Seleucia; inmediatamente Cirene se sublevó y el elemento oriental asesinó al elemento griego; las rutas que llevaban el trigo a Egipto a nuestras tropas fueron cortadas por una banda de zelotes de Jerusalén; en Chipre los residentes griegos y romanos cayeron en manos del populacho judío, que les obligó a matarse entre ellos en combates de gladiadores . Logré mantener el orden en Siria, pero advertía las llamaradas en los ojos de los mendigos acurrucados en los umbrales de las sinagogas, las sonrisas irónicas en los gruesos labios de los camelleros, un odio que en resumidas cuentas no merecíamos. Desde el comienzo los judíos y los árabes habían hecho causa común frente a una guerra que amenazaba arruinar su negocio; pero Israel aprovechaba para lanzarse contra un mundo del que la excluían sus furores religiosos, sus singulares ritos y la intransigencia de su dios. 

Luego de volver apresuradamente a Babilonia , delegó en Quieto el castigo de las ciudades sublevadas ; Ciren, Edesa, Seleucia, las grandes metrópolis helénicas del Oriente, fueron entregadas a las llamas para vengar las traiciones premeditadas durante los altos de las caravanas o maquinadas en las juderías.  Más tarde, visitando aquellas ciudades que habría de reconstruir, anduve bajo columnas en ruinas, entre hileras de estatuas rotas. El emperador Osroes, que había fomentado aquellas revueltas, tomó inmediatamente la ofensiva; Abgar se sublevó y penetró en Edesa reducida a cenizas; nuestros aliados armenios, con los cuales había creído contar Trajano, se volcaron a los sátrapas . Bruscamente el emperador se encontró en medio de un inmenso campo de batalla, donde había que hacer frente en todas direcciones.


MEMORIAS DE ADRIANO

Marguerite Yourcenar

Traducción de Julio Cortazar. Ed Edhasa 


Imagen: El Emperador Adriano (Enero del año 76- Julio 138).  Mármol blanco 84x67cm.  Museo Nacional del Prado. Madrid.

Durante los veinte años del gobierno de Adriano, su retrato experimentó pocas transformaciones, con excepción del interesante retrato idealizado en el que aparece como héroe juvenil. Adriano, que subió al trono a los 41 años, está representado con barba y, en palabras de, La Historia Augusta con “el cabello encrespado artificialmente”. El cabello rizado forma una superficie ondulada; sobre la frente y las sienes, las puntas del cabello están giradas hacia afuera. La ancha cabeza de Adriano está asentada sobre un cuello robusto; los rasgos faciales no manifiestan emoción alguna, a excepción de las cejas ligeramente contraídas, que forman arrugas en la raíz nasal. En casi todos los retratos aparece una muesca oblicua en los lóbulos, una característica fisonómica del emperador.

Fuente de la reseña: Museo Nacional del Prado


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